Muy bien: supongamos que la ciencia y las matemáticas pudieran demostrar que el hombre no es más que una tecla de piano; supongamos que alguien calculara cada uno de sus movimientos, los pusiera en tablas y le dijera exactamente qué conviene a su propio interés —aun así iría y haría algo absurdo.Hasta podría destruir lo que tanto le costó conseguir, solo para demostrar una cosa:una tecla es lo que suena cuando la pulsan; él es un hombre.¿Dices que hasta su absurdo puede calcularse? Entonces preferiría volverse loco antes que quedarse dentro de esa tabla.
Fiódor DostoievskiMemorias del subsuelo, primera parte, capítulo VIIILibremente adaptado del original ↗




